lunes, 11 de febrero de 2019

Morir suavemente


Ahora y en la hora de nuestra muerte es una pequeña rareza editada este año por Libros del K.O.; un breve cuaderno de apuntes sobre la nostalgia, sobre el miedo, sobre el amor: «Y después, el amor, gran superviviente del desastre». 
El desastre de la pérdida o el caos silencioso y brutal de la muerte.  
Susana Moreira Marques (Oporto, 1976) viajó en 2011 por los pueblos y aldeas del norte de Portugal acompañando a una unidad de cuidados paliativos que visita a enfermos terminales en sus casas. Recogió sus impresiones, sus dolores, sus silencios, sus recuerdos, sus paisajes, sus días ganados uno a uno, sus deprimentes noches, sus milagrosos amaneceres. Y de aquellos encuentros íntimos y sosegados sacó Moreira los hilos para ir tejiendo este cuaderno lírico, unos apuntes esquemáticos y luminosos sobre la belleza que sigue latiendo aun en la tristeza y el dolor más crudos.
No ha querido la periodista ahorrarnos nada, sin embargo, en su narración del deterioro, ni endulzar la realidad de las tragedias cotidianas, no nos obvia ni los cables, ni las bolsas de orina, ni los desvaríos últimos, ni los olores, ni la voracidad de la metástasis, ni las lágrimas; pero hay algo en la delicadeza de su escritura, en la sencillez de los testimonios recogidos en sus páginas que nos acoge y reconforta a pesar de ponernos delante del gran tema tabú de nuestro tiempo.
Dividido en dos partes, el libro desgrana en la primera de ellas virutas de pensamiento, anotaciones libres, muchas de ellas apenas esbozadas, otras certeras y punzantes como dardos. De fondo, en las carreteras, en los caminos, en las cruces, en el cielo, en la tierra, imágenes de un Portugal rural, lento e inmenso. Después, en una segunda parte, la escritora le pasa el testigo a los propios enfermos y a sus familias, transcribiendo literalmente fragmentos de sus largos testimonios: reflexiones a media voz en la penumbra de un salón, recuerdos al atardecer en un porche, el temblor que sobreviene al velar al moribundo a los pies de una cama. 
«El águila vuela en círculo, alta sobre los riscos del río. Nosotros, pequeños, junto al agua, los pies en la tierra, somos animales a los que gobierna el miedo». Miedo de no atrevernos a decir lo que nunca dijimos ahora que queda poco tiempo. Del viejo que no sabe qué será de él si su mujer se marcha antes. El de la hija que, perpleja ante la muerte del padre, no comprende lo que está pasando mientras todo se viene abajo. 
Y una reflexión última, honda, que vibra de página a página: «En cualquier caso, vivimos todos en una cuenta atrás y conviene que esa verdad no la olvidemos». Cada uno que medite, asuma o transforme esa verdad en lo que quiera, o sepa. 




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